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Linderos y cercanías entre los lenguajes de la literatura y de la pintura
Linderos y cercanías entre los lenguajes de la literatura y de la pintura
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Grupo de
WhatsApp: Club literario Confidencias entre escritores y lectores.
Este es el tema del
conversatorio de la reunión virtual del Club literario Confidencias entre
escritores y lectores. Fecha: 10 de marzo de 2026. Ocho de la noche, hora de
Miami.
Apreciados contertulios, a partir de tus sugerencias, las cuales puedes escribir en este blog, iremos dándole forma a la charla. Comenta y danos tu opinión.
A
continuación, les dejo algunas ideas para contextualizar el tema.
Puntos de
acercamiento entre la creación pictórica y la literaria
- La imaginación como origen común
Tanto el pintor como el escritor parten de una imagen interior. En Pablo Picasso y en Jorge Luis Borges la obra surge de una visión mental que precede al soporte material. - La construcción de un mundo
autónomo
Una novela como Cien años de soledad y un cuadro como Guernica crean universos autosuficientes, con leyes internas que el espectador o lector debe aceptar. - Composición y estructura
En pintura hablamos de equilibrio, perspectiva, foco; en literatura, de trama, ritmo y punto de vista. Ambos artes trabajan la organización interna de los elementos. - El manejo de la luz / el manejo
del lenguaje
La luz en Caravaggio funciona como el adjetivo preciso en Gustave Flaubert: no es ornamento, sino revelación. - El símbolo como núcleo expresivo
Un girasol en Vincent van Gogh o el Aleph en El Aleph condensan significados que trascienden la literalidad. - La relación con el tiempo
histórico
El arte no es ajeno a su época. Así como Francisco de Goya dialoga con la violencia de su tiempo, la novela social latinoamericana dialoga con sus conflictos políticos. - El estilo como marca autoral
El trazo fragmentado de Claude Monet equivale a la sintaxis ondulante de Marcel Proust: ambos revelan una sensibilidad irrepetible. - La tensión entre figuración y
abstracción
Así como la pintura puede desplazarse hacia la no representación (Wassily Kandinsky), la literatura puede desdibujar la narratividad tradicional (piénsese en Julio Cortazar). - El receptor como cocreador
El espectador completa la imagen; el lector completa el sentido. En ambos casos, la obra es un campo abierto. - La búsqueda de trascendencia
Pintura y literatura aspiran a fijar lo efímero, a resistir el olvido, a inscribir la experiencia humana en una forma perdurable.
Algunas diferencias
entre la creación pictórica y la literaria
- Materialidad del medio
El pintor trabaja con pigmento, superficie, textura; el escritor con palabras, sintaxis, ritmo verbal. - Inmediatez vs. secuencialidad
El cuadro se percibe simultáneamente; el texto exige una lectura lineal y progresiva. - Relación con el tiempo
La pintura detiene un instante; la literatura narra el fluir temporal. - Dependencia del lenguaje verbal
La literatura depende de un idioma específico; la pintura puede cruzar fronteras lingüísticas con mayor facilidad. - Grado de abstracción simbólica
La palabra remite a conceptos; la imagen remite primero a formas visibles. - Ritmo de recepción
El lector controla la velocidad de lectura; el espectador puede captar de inmediato la totalidad de la composición. - Narratividad intrínseca
Aunque exista pintura narrativa, la literatura está estructuralmente ligada al relato. - Proceso de traducción interior
El escritor traduce imágenes mentales a palabras; el pintor traduce emociones o visiones a formas visibles. - Dimensión sonora
La literatura posee musicalidad inherente al lenguaje; la pintura es silenciosa, aunque pueda sugerir sonido.
10 10. Modo de memoria
La literatura se recuerda en frases; la pintura, en imágenes.
Entre la
imagen y la palabra: vasos comunicantes entre la pintura y la literatura
Desde sus
orígenes, la humanidad ha intentado fijar el asombro. Antes de que la palabra
escrita organizara el mundo en relatos, la imagen ya había trazado sobre la
roca la memoria de la caza, del miedo y del deseo. Pintura y literatura no son
artes rivales: son lenguajes hermanos que, desde territorios distintos, buscan
una misma trascendencia. Ambas convierten la experiencia en forma. Ambas
aspiran a salvar del olvido aquello que la vida amenaza con dispersar.
Lejos de
excluirse, pintura y literatura se han buscado mutuamente a lo largo de la
historia. La ecfrasis —esa descripción literaria de una obra visual— es prueba
de un diálogo fecundo. Cuando la palabra intenta capturar la imagen, y la
imagen aspira a narrar, asistimos a un cruce de fronteras donde ambas artes se
enriquecen.
En el fondo,
tanto el pintor como el escritor comparten una misma vocación: transformar la
experiencia en forma perdurable. Uno lo hace con luz y color; el otro, con
palabras. Pero ambos persiguen idéntico milagro: que la fugacidad de la vida
encuentre un cauce donde permanecer.
La Divina
Proporción, también conocida como proporción áurea, es un principio
de armonía y equilibrio que ha guiado la composición en artes visuales,
arquitectura y música. En pintura se utiliza para organizar los elementos de la
imagen de modo que la mirada del espectador fluya naturalmente. En la narrativa
literaria, aunque no existe una aplicación geométrica literal, sí puede traducirse
en una estrategia estructural y rítmica que ordene el desarrollo del
relato.
Cómo
implementar la lógica de la Divina Proporción en una narración literaria:
1. Ubicar
el punto culminante en la proporción áurea
Si la obra
se divide aproximadamente según la proporción 0.618 / 0.382, el momento
decisivo de la historia (revelación, clímax o giro mayor) puede situarse
alrededor del 62 % del texto.
Esto produce una sensación de equilibrio: la tensión se acumula y luego se
resuelve con naturalidad.
2.
Diseñar la estructura narrativa en espiral
La pintura
usa la espiral áurea para guiar la mirada. En narrativa puede traducirse
en un movimiento progresivo hacia el núcleo del conflicto, donde cada
escena acerca al lector al centro emocional del relato.
3.
Distribuir la información de forma armónica
El
equilibrio áureo puede servir para decidir cuánto revelar y cuánto reservar.
Una parte mayor desarrolla el mundo narrativo; la menor intensifica el
desenlace o la revelación.
4.
Proporción entre descripción y acción
Se puede
buscar una relación armónica entre momentos descriptivos y momentos de
acción.
Por ejemplo: una sección más extensa de atmósfera y construcción del mundo
seguida por una sección más breve y concentrada de resolución.
5.
Organización de capítulos
Si una
novela tiene, por ejemplo, 20 capítulos, el capítulo 12 o 13
(cerca del 62 %) podría contener el giro narrativo principal.
6.
Intensidad emocional gradual
Así como en
la pintura la composición conduce el ojo hacia el punto focal, en narrativa la carga
emocional debe aumentar gradualmente hasta alcanzar su punto máximo cerca
del punto áureo.
7.
Jerarquía de personajes
La
proporción puede aplicarse a la presencia narrativa de los personajes:
- un personaje dominante (62 % del
peso dramático)
- otro secundario, pero decisivo
(38 %).
8. Ritmo
interno del párrafo
Incluso en
la microestructura, el punto más intenso de un párrafo o escena puede situarse
cerca de sus dos tercios finales, donde aparece la frase más significativa o
reveladora.
9.
Simetría imperfecta
La Divina
Proporción no produce una simetría rígida sino una asimetría equilibrada.
En narrativa esto se traduce en evitar estructuras demasiado previsibles.
10.
Armonía global de la obra
El objetivo
final no es matemático sino estético: que la obra produzca la sensación
de fluidez natural y equilibrio interno, como ocurre en muchas
composiciones del arte clásico, por ejemplo, en las obras de Leonardo da
Vinci, quien reflexionó sobre esta proporción en relación con la belleza y
la estructura.
Observación
crítica
Muchos
estudiosos han sugerido que ciertas obras literarias parecen seguir
inconscientemente esta lógica estructural; por ejemplo, algunas
interpretaciones de La divina comedia de Dante Alighieri o de
novelas modernas donde el clímax se ubica cerca del punto áureo del texto.
Sin embargo,
no se trata de aplicar una fórmula rígida, sino de usar la proporción
como principio de organización estética que ayude a equilibrar tensión,
ritmo y revelación.
Tres
métodos concretos para lograr la proporción áurea.
1. Método
del cálculo del punto áureo del manuscrito
Este es el
procedimiento más directo.
Paso 1. Determine la extensión aproximada de
la obra: número de páginas, palabras o capítulos.
Paso 2. Multiplique esa extensión por 0.618
(el valor principal de la proporción áurea).
Paso 3. El resultado indicará el lugar
donde debería aparecer el momento decisivo de la narración.
Ejemplo
Si su novela
tiene: 300 páginas, 300 × 0.618 = 185
El punto
estructural clave debería aparecer cerca de la página 185.
Ese punto
puede corresponder a:
- la gran revelación
- el giro dramático central
- la comprensión del protagonista
- el momento de máxima tensión.
Este
principio se ha observado en composiciones artísticas desde Leonardo da
Vinci hasta compositores y arquitectos.
2. Método
de los tres movimientos narrativos
Este método
adapta la proporción áurea a la estructura dramática clásica.
La obra se
divide en dos grandes secciones:
Primera
sección (≈ 62 %)
- construcción del mundo narrativo
- presentación de los personajes
- acumulación del conflicto
- incremento de la tensión.
Segunda
sección (≈ 38 %)
- explosión del conflicto
- clímax
- resolución.
El momento
de transición entre ambas zonas coincide con el punto áureo.
Esta
organización crea un efecto psicológico poderoso: el lector siente que todo
converge hacia un momento inevitable.
3. Método
de la espiral narrativa
Este método
traslada la lógica visual de la espiral áurea a la narración.
En lugar de
una progresión lineal, la historia se organiza en aproximaciones sucesivas
al núcleo del conflicto.
Cada
episodio cumple una función:
- Presentación del mundo.
- Aparición del conflicto.
- Intensificación.
- Complicación.
- Revelación parcial.
- Aproximación final.
- Clímax.
Cada vuelta
de la “espiral” reduce la distancia emocional con el centro del drama.
Este
procedimiento es particularmente útil en:
- novelas psicológicas
- relatos de misterio
- narraciones de introspección.
Los alcances simbólicos de la pintura y la narrativa
literaria:
Pintura
- Representación
Visual: La pintura traduce conceptos abstractos en formas visuales,
facilitando la comprensión de ideas complejas de manera inmediata.
- Uso
del Color: Los colores en la pintura pueden transmitir emociones y estados
de ánimo, actuando simbólicamente para evocar respuestas intuitivas en el
espectador.
- Simbolismo
Cultural: Las obras pictóricas pueden incorporar símbolos culturales
específicos, reflejando valores, mitos y tradiciones de una sociedad.
- Interpretación
Subjetiva: La interpretación de símbolos en la pintura es altamente
subjetiva, permitiendo múltiples lecturas basadas en las experiencias
personales del observador.
- Conexión
Espiritual: Muchas pinturas usan imágenes simbólicas para explorar temas
espirituales y religiosos, buscando conectar a los espectadores con lo
trascendental.
Narrativa Literaria
- Lenguaje
Simbólico: La narrativa literaria utiliza el lenguaje como herramienta
para crear simbolismos complejos, transformando palabras en metáforas y
alegorías.
- Construcción
de Identidad: A través de personajes y tramas, la literatura simboliza
diferentes aspectos de la identidad humana, explorando temas de
pertenencia, alteridad y evolución personal.
- Diálogos
Universales: Las narrativas literarias pueden establecer diálogos
simbólicos sobre cuestiones universales, como el amor, la muerte, y la
búsqueda de sentido.
- Profundización
del Tiempo: La literatura permite una exploración simbólica del tiempo,
alternando entre pasado, presente y futuro para ofrecer perspectivas
multifacéticas sobre la realidad.
- Reflexión
Social: Los textos literarios a menudo utilizan el simbolismo para ofrecer
críticas sociales, abordando temas de justicia, poder y desigualdad de
manera subversiva y evocadora.
Estos elementos reflejan cómo tanto la pintura como la
narrativa literaria se sirven del simbolismo para comunicar ideas profundas y
complejas, enriqueciendo la comprensión humana mediante sus distintos formatos
expresivos.
La sustancia erótica como componente primario de la creación literaria
La sustancia erótica como componente primario de la creación literaria
Amigos lectores y escritores, dentro del ciclo de reuniones virtuales del club literario Confidencias entre escritores y lectores, conversaremos sobre el erotismo. Para participar solo se necesita inscribirse con nombre y número de teléfono. Para detalles escribir a: joserdiazdiaz@gmail.com; fecha de la próxima reunión, martes 24 de febrero de 2026, 8 pm , hora de Miami.
El erotismo
no es un adorno temático sino una categoría estética y antropológica central en
la creación literaria. He aquí diez razones fundamentales:
1. Porque
el erotismo es una afirmación de la vida
Desde Georges Bataille hasta Octavio Paz, el erotismo ha sido entendido como
energía vital que confronta la muerte. En literatura, esa tensión entre Eros y
Tánatos dinamiza el conflicto narrativo y poético.
2. Porque
revela la dimensión simbólica del deseo
El deseo no es sólo biología: es lenguaje, metáfora, desplazamiento. El
erotismo permite transformar el impulso en signo, y el cuerpo en territorio
simbólico. En obras como Lolita, el erotismo es ante todo una construcción
retórica.
3. Porque
profundiza la psicología de los personajes
Desde Sigmund Freud sabemos que la pulsión sexual atraviesa la subjetividad.
Ignorarla empobrece la construcción psicológica. El conflicto erótico suele
revelar lo reprimido, lo contradictorio y lo vulnerable del ser humano.
4. Porque
es una forma de conocimiento
El erotismo implica exploración: del cuerpo, del otro, del límite. En El
amante, de Marguerite Duras, el erotismo es vía de autodescubrimiento y
conciencia histórica.
5. Porque
intensifica la experiencia estética
La tensión erótica produce ritmo, expectación, silencio, sugerencia. La
literatura erótica eficaz no muestra: insinúa. Ese juego entre revelación y
ocultamiento es un principio estético fundamental.
6. Porque
articula poder y transgresión
El erotismo pone en escena relaciones de dominación, sumisión, culpa y
libertad. En Historia del ojo, de Bataille, el deseo transgrede normas
morales y sociales, evidenciando el vínculo entre erotismo y ruptura del orden.
7. Porque
humaniza el cuerpo
Frente a tradiciones que han espiritualizado o censurado la corporalidad, el
erotismo literario restituye al cuerpo su dignidad narrativa. El cuerpo no es
accesorio: es lenguaje encarnado.
8. Porque
conecta lo individual con lo cultural
Cada época codifica el erotismo de manera distinta. Analizarlo en la literatura
permite comprender mentalidades, censuras y transformaciones sociales. La obra
de Anaïs Nin, por ejemplo, refleja una revolución íntima y cultural del siglo
XX.
9. Porque
es motor narrativo
El deseo mueve la acción. Muchas tramas clásicas —desde Madame Bovary hasta La
casa de los espíritus— se sostienen en tensiones eróticas que desencadenan
decisiones irreversibles.
10.
Porque el erotismo es una forma de libertad creadora
El artista que aborda el erotismo asume un riesgo: el de la exposición, la
crítica y la incomodidad. Pero también ejerce una libertad expresiva que amplía
los límites del lenguaje. En este sentido, el erotismo no es mero contenido
temático, sino una postura estética ante la experiencia humana.
En síntesis, excluir el erotismo de la creación literaria sería amputar una dimensión esencial de la condición humana. No se trata de convertirlo en eje obligado, sino de reconocer que allí donde hay deseo, hay conflicto; donde hay cuerpo, hay significado; y donde hay transgresión, hay posibilidad estética.
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Isabela. Un cuento de navidad. José Díaz Díaz
Isabela
Un cuento de
navidad
© José Díaz-Díaz
Lo recuerdo como si hubiera sido ayer. Era la voz dulce
y atiplada de la secretaria del consultorio del psicólogo que me llamaba por
teléfono para recordarme la cita del día siguiente. A las diez de la mañana
debía acudir a la oficina. Se refería a la cuarta sesión terapéutica de
hipnosis. ‘Hipnosis en tiempos de navidad”, suspiré. Qué le vamos a hacer. En
qué rollos me meto yo.
Aún encamado estiré el
brazo izquierdo y alcancé el reloj que reposaba sobre la mesita de noche,
ensanché los ojos para sacarme el sueño de encima y me di cuenta de que eran ya
las nueve y treinta minutos de la mañana. La voz de la secretaria me llega en
este momento más musical y melodiosa como si poseyera un registro de soprano
coloratura que se acoplara perfectamente con mi soledad esencial dándole un
tono colorido y feliz. También percibo su voz un poco aniñada, o mejor, ingenua
y elemental. Le calculo unos cuarenta años de edad como mínimo. Aunque ahora no
estoy tan seguro. Uno a veces se engaña con la edad de la gente y, además, solo
la he visto unas pocas veces. Revivo en mi memoria sus ojillos oscuros,
brillantes y pequeñitos escondidos detrás de unos grandes anteojos. Ojos que no
quieren mirar, o que, si miran, lo hacen hacia adentro. Ojos que huyen, me
pareció. Un poco rara en verdad, más tímida que yo, tal vez.
— ¿Me está escuchando,
señor Néstor Núñez?—. Preguntó ella sacándome de mi ensueño evocativo.
— ¡Oh, sí! Disculpe—repliqué.
—¿Cómo se siente hoy?,
¿bien? Entonces le veré mañana—remató en tono amigable— que pase un bonito día—me
dijo.
—Igual para usted—.
Respondí tratando de ponerle cierto calor al tono de mi voz para corresponderle
a su aparente simpatía que me parecía sentir a través de su vocecita que
rasgaba y hería mis oídos como sucedía cuando escuchaba por la radio los
conciertos de flauta dulce de Mozart que tanto me gustaban. En aquellas
ocasiones forzaba mi imaginación para visualizarme dentro de la tarima de los músicos
y no perder ningún acorde.
Por instantes, en ese
momento llegué a sentirla muy cercana—como si me rozara con su piel tersa— y
una ráfaga de calor se coló entre las cobijas estremeciéndome
involuntariamente. El hilo de su voz de timbre sensual y caluroso aguzó mi
soledad que justo por la época de navidad solía envolverme de manera repetida y
corrosiva.
Yo vivía por ese
entonces en New York. Eran los años setenta. Llevaba ya un lustro de haber
emigrado desde Bogotá, Colombia. Y aquel tiempo lo evocaba con desacostumbrada
lucidez pues era el quinto invierno que sufría en La Gran Manzana y a ese
desalmado friíto que calaba los huesos hasta la médula nunca me pude
acostumbrar. De solo evocarlo me da temblequeo. Algunas veces solía retarlo
como cuando me iba al Central Park a
ver patinar en la pista de hielo, me sentaba en uno de las bancas de hierro
forjado y madera caoba que hay por allí y tiritaba a más no poder. Vivía en
Brooklyn, distrito de Bensonhurst en un apartamento tipo estudio donde me
sentía, en verdad, cómodo.
Eran alrededor de las nueve
de la mañana y guarnecido de pies a cabeza con ropa gruesa, gorro, abrigo de
paño, bufanda y guantes, estaba descendiendo al subterráneo de la estación M
del Metro que me conduciría en una hora a Manhattan y me arrojaría a la
superficie helada en la estación de la calle 14. Muy cerca de allí, en el 221
West de la 14 St. se encontraba ubicada la librería Macondo donde yo trabajaba
desde su apertura dos años atrás y la cual —ahora lo recuerdo con acritud— fue
cerrada por orden de la Corte del Décimo Distrito, treinta y cinco años más
tarde en el 2007, ante la imposibilidad de poder pagar la renta debido a un
bajón sostenido en la venta de los libros en español. ¡Qué pereza, ya nadie lee
y menos en español!
Los peatones caminaban
con paso rápido abrigados hasta las orejas y sin mirar para los lados. Eran
sombras que exhalaban en su respiración agitada vahos de humo blancuzco como si
se estuvieran quemando por dentro. Y en verdad que el frío quema, lo confirmo
ahora. Bueno, yo también caminaba reconcentrado en mis pensamientos. Los
dientes me rechinaban de manera incontrolada mientras me invadían unos acordes
lejanos de música de blues provenientes de alguna taberna. Esos lúgubres
gemidos me enternecían sin causa aparente. Solo una cosa me inquietaba y era
que la voz afrodisiaca de la secretaria no se me salía del cuerpo. « ¿Me está
escuchando, señor Néstor Núñez? ¿Cómo se siente hoy?». Una sensación insólita y
agradable me acompañaba sin saber el porqué; era como si su hilo de voz en la
exigua conversación que sostuvimos me hubiera inyectado en las venas, en el
cerebro, en la piel y sobre todo en el área profunda de mis sentimientos un
chorro de elixir extraño que me producía un efecto sedante, envolvente, de constante
expectación, de felicidad como un disparo de endorfinas en la cresta de un
ejercicio extremo. Vamos, el corazón se
me agitaba del deseo de querer estar cerca de ella o mejor más bien, con ella.
Fueron veinte minutos
más del viaje acostumbrado en el Metro sin necesidad de cambiar de ruta. La
oficina estaba ubicada una cuadra al oriente del Central Park, que lucía blanco
como una sábana pues la noche anterior había nevado mucho. Subí por la escalera
al segundo piso, me sentí tranquilo, eran justo las diez de la mañana.
La secretaria, quien
estaba de pie al lado del escritorio, me sonrió al verme, con una sonrisa
íntima (me pareció), yo también hice lo propio. Me sonrió enigmática, o así lo
percibí, lo que me desestabilizó de momento. La sala de espera estaba vacía. Me
acerqué a ella y le dije: “¡Hola!”. Como si la viera por primera vez descubrí
su cuerpo esbelto, su rostro blanco, reluciente, de labios macizos y facciones
finas adornadas con un hermoso y bien cuidado cabello negro que le llegaba
hasta los hombros, peinado en forma de hongo. Ella me respondió: “¡Hola!”, sonriendo
de nuevo, cerrando los ojos por un instante y agachando la cabeza lo cual me
sorprendió aún más. Esas cuatro letras «h-o-l-a » susurradas con ese encanto
irresistible me aflojaron las piernas. Al parecer yo estaba muy sensible.
—Siéntate—me dijo con
amabilidad—. En un par de minutos te va a atender la terapeuta.
—Gracias—. Atiné a
responder—. Te ves muy linda hoy—le dije como cumplido y agregué—. Perdón, ¿me
recuerdas tu nombre?
—Isabela— dijo—, pero
puedes llamarme Bela.
—Así lo haré, Be (l)
la—. Respondí con mi rostro iluminado. B-e-l-l-a, repitió mi voz interior con
indescriptible complacencia.
Volvió a sonreír y yo
me froté las manos enfundadas en los bolsillos del abrigo contra mis piernas
desfallecientes. No había duda de que estaba flirteando conmigo. Tenía la
certeza de que un flechazo concertado nos estaba ligando. Un silencio se
apoderó del ambiente y en efecto en cosa de segundos apareció por la puerta del
consultorio la terapeuta vestida con una bata blanca indicándome de manera
afable que la siguiera. Así lo hice.
Era la última sesión
del tratamiento. Y, a decir verdad, me sentía curado de esa horrible sensación
de pánico, de vértigo y de extrañamiento que me tenía postrado y que me había
obligado a pedir auxilio profesional. Ya era hora de que me sintiera más
maleable. La psicóloga logró con su técnica de hipnosis restituir en mi
inconsciente la imagen y la memoria de mi niñez perdida, con lo cual recuperé
mi capacidad para el asombro, para disfrutar el goce lúdico y redimirme a mí
mismo en una ciudad afamada por la dureza e indiferencia de sus habitantes.
Cuando abandoné el
consultorio, la recepción estaba vacía.
Pasó una semana, yo me
sentía muy tranquilo, y además me estaba liberando por fin de tomar tanto
medicamento. A mis años ya sabía que la juventud era un engaño, un espejismo,
una ilusión tan pasajera que la vida le jugaba a uno para hacerle creer que era
fuerte por siempre. Y esa fortaleza estaba desapareciendo a pasos agigantados.
Me sentía frágil e inseguro, la ciudad parecía que se me venía encima, la
soledad me doblegaba. Una vaciedad emocional me consumía. La incapacidad para
mantener una real comunicación y unas relaciones estables me aislaba de la
gente. Sin embargo, la terapia me puso otra vez como un toro y la oportunidad
de entablar un vínculo sentimental con «Bella» en este caso (vaya qué iluso y
soñador), me disparó al paraíso de mi niñez de donde nunca debí haber salido.
¡Cómo añoro el confort de la placenta de mi madre! Por todo eso me refugié en el mundo de los
libros puesto que la realidad de la vida exterior me era insoportable. Por todo
eso la librería Macondo sustituía un hogar real para convertirse en mi hogar (en mi placenta) de ficción. Por eso viví allí treinta y tres años, hibernando
como mamífero que baja su calor corporal al límite de la hipotermia en espera
de mejores tiempos. Encuadernado—perdónenme el símil un poco traído de los
cabellos— entre portadas y contraportadas, saltando de solapa en solapa.
Consintiendo un ostracismo desesperante. Espiando el mundo exterior sin que me
vieran, como un voyeur oculto, como una hoja de papel que se resguarda
entre las sombras y el calor de sus hermanas.
Por eso, cuando me
asaltó el presentimiento de compartir con Bella el retazo de mi existencia por
vivir, el corazón me saltó de manera inusual y entonces fue cuando tomé la
decisión de llamarla y lo hice de inmediato. Fue cuestión de abrirle mi corazón
(poco a poco) con la ilusa pretensión de que Bella hiciera lo mismo. Ella
empezó a a conversar conmigo. Con su voz encantadora de flauta dulce platicaba
conmigo y su alegría me llegaba a través del teléfono inundando mi interior de
una energía como de color naranja. Mucha, pero mucha euforia me producía su
acercamiento. Las conversaciones más entrañables las sosteníamos en las noches
cuando ella se encontraba reposando en su casita del barrio de Jackson
Heights en Queens. Había nacido en San Juan de Puerto rico y sus padres,
que ya murieron, emigraron a la Gran Manzana cuando ella contaba con
seis años. Después supe que Bella nunca se había casado. Un noviazgo traumático
la paralizó para siempre y no pudo emprender en adelante compromiso amoroso
alguno.
Pero a pesar de todo,
las cosas se dieron. Yo no sé si las energías del universo conspiraron a
nuestro favor o qué carajo pasó, pero lo cierto es que las cosas se dieron. ¡A
nuestra manera, pero se dieron! Nuestra especial relación ha durado por todo el
resto de nuestras vidas. Ahora ella tiene setenta y dos años y yo sesenta y
ocho. Somos viejos. No convivimos bajo el mismo techo, pero nos vemos de vez en
cuando y la felicidad que nos embarga es plena. Desde entonces nunca hemos
dejado de vernos para navidad por un lapso ininterrumpido de treinta años. Ella
continuó trabajando por mucho tiempo hasta cuando cerraron el consultorio,
siempre acompañando a la psicóloga. También supe que asistía a una sesión
mensual de terapia de hipnosis porque padecía de similares trastornos a los
míos en especial de pánico y misantropía y era el recurso que la mantenía a
flote para poder soportar el absurdo de este mundo que nos ha tocado en suerte.
Bella siempre ha sido una criatura muy frágil igual que su candorosa voz de
ángel que desde entonces me sirve de bálsamo y compañía.
No piensen que no
pretendí romper con el rito y la ceremonia de las visitas distantes para
resguardarnos de una buena vez bajo el mismo techo. Lo intenté de verdad, pero
no pudo ser. Ella siempre me recordaba que no quería perder mi amistad y que
por lo tanto hasta cuando no se sintiera bien segura no iba a dar un paso
adelante. Y para mi desamparo total, nunca estuvo lo suficientemente segura. La amistad pudo más que el amor. Y quizás por
eso ha durado tanto esta relación.
Ahora, me estoy
cobijando al máximo con ropa gruesa, con la bufanda y el abrigo, con el gorro y
los guantes porque me dispongo a tomar el Metro y a pasar la noche de Navidad
en casa del «amor de mi vida». Me arropo bien porque con la edad, el ríspido
frío y, sobre todo, las ráfagas de viento helado se convierten en una especie
de hojillas metálicas que penetran la piel socavando la poca tibieza que aún
pervive en este cuerpo casi congelado. Ya tengo los labios cuarteados de tanta
nevisca y el alma arrugada de tanta expectación. En mi memoria el tiempo no
pasa y percibiré a Bella, — a B-e-l-l-a—, en sus plenos cuarenta años, como
aquella primera vez que la vi mirándome tímidamente con sus ojillos risueños.
Me abrirá la puerta de su casa saludándome con ese ¡Hola!, sonriéndome,
cerrando los ojos por un instante y bajando la cabeza como adolescente azorada
y perpleja.
Como dos niños
deslumbrados reviviendo cada uno su infancia dichosa, platicaremos hasta el
amanecer al calor de las llamas abrasantes de la chimenea que se ceban con la
madera rojiza y sibilante. Y la dulzura de sus palabras me engolosinará el
espíritu hasta que el sueño nos doblegue.
CICLO LITERARIO. Reuniones virtuales. Confidencias entre escritores y lectores.
Vamos a conversar sobre nuestros temas. Estás invitado, tu palabra cuenta.
Para participar, solo debes escribir tu nombre y número de teléfono al email joserdiazdiaz@gmail.com
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No se necesita inscripción y es totalmente gratis. ¡Nos vemos!
Algunas frases del nuevo libro de José Díaz Díaz
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frases del nuevo libro de José Díaz Díaz
Su nuevo
ensayo, CONFIDENCIAS ENTRE ESCRITORES Y LECTORES, es una herramienta imprescindible para asumir
el oficio de escribir con seriedad y profesionalismo. Se encuentra en Amazon.
1. "Cuando se afirma que el escribir es un oficio
y el escritor un artesano de las palabras, estamos admitiendo que es
susceptible de aprendizaje y mejoramiento."
2. "La Epifanía, o la caída del velo
ante el arrobamiento, es una revelación súbita, una manifestación
inesperada que transforma la comprensión del personaje o del lector."
3. "El principio del iceberg o dato
escondido de Hemingway es una técnica narrativa que sugiere que la parte
visible de la historia… es solo una pequeña porción de la totalidad."
4. "Una obra literaria debe tener debajo de
la superficie del texto… una riqueza de elementos, símbolos, alegorías y
connotaciones que el lector percibe de manera inconsciente."
5. "El Monólogo Interior… consiste
en reproducir en primera persona los pensamientos, sentimientos y percepciones
de un personaje de manera directa y sin la intervención del narrador."
6. "Si lo haces [usar múltiples tramas con cliffhangers],
es muy seguro que mantendrás atrapado al lector desde el comienzo de la
historia hasta su culminación."
7. "En la narrativa como en la música, los
silencios también cuentan y dicen."
8. "La musicalidad es el alma rítmica
de la prosa, su estructura interna, su tempo, su sístole y su diástole, su
fluir y su desazón, su armonía y su contrapunto."
9. "El erotismo como bálsamo que
cristaliza y engrandece el mensaje es uno de los elementos temáticos y
psicológicos que más atrapan al lector."
10.El palimpsesto es un tipo de escritura donde las
huellas de los textos anteriores son aún visibles… una forma de diálogo
entre textos."
11."La literatura, en su esencia, no es un
monólogo sino un tejido de voces."
12.“El acto de leer no es una recepción pasiva,
sino una participación creadora en la que el lector se convierte en coautor
silencioso de la obra.”
13."La literatura tiene una función vital en
la construcción de vínculos sociales y en la formación de una conciencia
compartida."
14."Los caminos de la creación literaria son
misteriosos, así como lo son los senderos cuyas rutas desembocan en toda
creación artística."
15."La escritura literaria debe convertirse
en una defensa contra el fanatismo y la manipulación."
16."En esta época oscura, el arte éticamente
válido es aquel que efectúa una reanimación sobre aquellos elementos mágicos y
humanos agonizantes..."
17."El lenguaje, como decía la poeta argentina Alejandra
Pizarnik, es un refugio, pero también una cárcel."
18."La
literatura no dice, sino que muestra. Do not tell me, show me.".
19."La metáfora es como “la joya de la corona” cuando hablamos
de figuras retóricas".
20.
“Deberías escribir como si ya estuvieras muerto. Sin vergüenza, sin escrúpulos,
sin pudor, sin muros ni vallas de contención. Aquí la escritura se convierte en
instrumento idóneo para exorcizar tus demonios interiores y para mostrar tus
zonas oscuras. Aquí hay liberación y catarsis.”
Nuevo ensayo de José Díaz Díaz: CONFIDENCIAS ENTRE ESCRITORES Y LECTORES
El ensayo que devuelve al lector el poder de decidir y al escritor la confianza de crear. Un diálogo que inspira, conecta y transforma tu vida.
¿Alguna vez te has preguntado qué ocurre en ese misterioso
puente entre quien escribe y quien lee? Confidencias entre escritores y
lectores rompe el silencio y revela lo que suele quedar oculto en la
intimidad de la creación y el acto de leer.
José Díaz-Díaz nos entrega un ensayo distinto a todos:
cercano, revelador e inspirador. Cada página te hace sentir que la literatura
no es un lujo lejano, sino una herramienta viva, capaz de transformar tu manera
de pensar, sentir y actuar en el día a día.
Este ensayo ilumina el camino del escritor que busca
confianza y perseverancia en su oficio y guía al lector en la selección de
lecturas más elaboradas y gratificantes.
El lector entra en la obra como un huésped que, sin saberlo,
ha sido esperado. Cada página que hojea no solo revela una historia, sino que
también lo desnuda, lo transforma. Entre líneas, el escritor le ha dejado
señales secretas, trampas sutiles y espejos deformantes, como si la lectura
fuera un juego de inteligencia mutua, una danza de sombras entre dos soledades
que se buscan sin haberse visto jamás.
Nuevo libro editado por La caverna, escuela de escritura creativa
Se trata de la impactante y conmovedora historia de una madre y su hijo con síndrome de Down. La emergente autora Luz Mery Montes nos obsequia de nuevo otra de sus entrañables vivencias. Sus dos obras: 16 AÑOS PARA RENACER y NUESTRO HIJO, UN ÁNGEL CON SÍNDROME DE DOWN están traducidas al idioma inglés y se pueden adquirir en Amazon.
El equipo de La caverna, escuela de escritura creativa, se siente honrado de haberla acompañado en todo el recorrido que culminó con la publicación de las dos obras tanto en idioma español como en inglés. Felicitaciones a Luz Mery Montes.
A continuación, trancribo un mensaje de la autora:
Una herramienta que te ayudará con la escritura de tu libro
Confidencias entre escritores y lectores: el ensayo que devuelve al lector el poder de decidir y al escritor la confianza de crear. Un diá...
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Algunas frases del nuevo libro de José Díaz Díaz Su nuevo ensayo, CONFIDENCIAS ENTRE ESCRITORES Y LECTORES, es una herramienta imp...
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El ensayo que devuelve al lector el poder de decidir y al escritor la confianza de crear. Un diálogo que inspira, conecta y transforma tu ...







