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Reseña literaria sobre la novela LA CATALANA de Mariela Zuluaga

 Reseña literaria sobre la novela LA CATALANA de Mariela Zuluaga

 

© José Díaz-Díaz

Director de La Caverna, escuela de escritura creativa

joserdiazdiaz@gmail.com




 

El ejemplar de la novela La Catalana que ahora descansa sobre mi escritorio, corresponde a la segunda edición publicada en 2024 por la editorial Icono de Bogotá. Su autora tuvo el generoso detalle de enviármela con una de mis hermanas, Luz, quien, por estos días estuvo de visita en Miami.

Esta novela breve condensa en su corta extensión la vida de la protagonista Rosa Bosch, filósofa de origen español-catalán, y esposa de Manuel Zapata Olivella, el reconocido investigador, divulgador, escritor, icónico defensor a ultranza de las etnias indígena y afrocolombiana.

Novela de no ficción

 Como una obra literaria también puede ser conformada con elementos «transgénero», Mariela decidió ensamblar el género de la novela de no ficción con la crónica y el testimonio histórico. Vale decir, que La catalana es el resultado de una mezcla donde lo biográfico post mortem, resguardado por una crónica de la actividad literaria de su tiempo y de su Colombia, está apuntalada con testimonios veraces y comprobables que convierten el escrito en un lienzo de dura y patética realidad cultural de las últimas décadas del siglo XX.

Prosa lírica

Debo decir que el tamiz con que enhebra la trama de esta novela trágica, no es otro que la piel prestada de un quehacer poético que le permitió a la autora desarrollar el cadencioso, luctuoso y sostenido ritmo de prosa lírica intensa para contar y decir en primera persona y en boca de la mismísima protagonista, los más íntimos avatares de su existencia. Es evidente que, a un narrador o novelista ajeno al oficio poético, le hubiera sido imposible conseguir un resultado como el logrado en esta pieza literaria.  

Tono

Así pues,  esbozaré algunos aspectos de los que considero tienen que ver con el “cómo” se escribió la novela más que hablar del “qué” se escribió en ella. Sobre este último tópico ya se han ocupado juiciosamente críticos, entrevistadores y articulistas.

El tono intimista sostenido desde la primera hasta la última letra del entramado narrativo es lo que logra conmover hasta los tuétanos al lector desprevenido quien —por la magia del sedimento poético que transpira la obra— sucumbe emocionalmente ante el descalabro existencial narrado en la trama.

Una quejumbre honda, un sollozo irredento, una vulnerable indefensión, una náusea al mejor estilo sartriano construyen un tono que desborda los límites del texto para develar la objetividad interior de un personaje real que se desangra en su lecho de muerte, mientras evoca en el instante final de su agonía, las obscenas miserias de su valerosa existencia. Este excelso tono construido con el mejor limo poético es lo que le imprime el vigor absoluto a la historia.  

Tiempo vertical y mítico

 El tiempo de la historia transcurre en un instante de iluminación trascendental, en un momento donde “el darse cuenta”, o despertar a una realidad, al mejor estilo de las epifanías joycianas, la protagonista, la esposa del gran fantasma triétnico, revive recuerdos y memorias de su vida. El personaje es ubicado en un umbral sin tiempo. Aquí el devenir pierde su horizontalidad, su linealidad, y su engranaje natural se verticaliza en una honda profundidad propia del tiempo poético. Es un transcurrir mítico, circular, cerrado herméticamente, sin bordes, sin orillas, atemporal en su totalidad. El discurrir de las reminiscencias afloran a la superficie de su voz en sobresaltos, hacia atrás y hacia adelante, en pulsiones inesperadas, en quejidos que afloran hilvanados apenas por el reclamo supremo ante un destino que se percibe injusto.  

Monólogo interior

La narración a lo largo de toda la historia se sostiene en el andamiaje pensado para expresar de manera rotunda la voz de la protagonista en ese supremo momento de lucidez terminal. Ese artificio retórico es ni más ni menos que el monólogo interior. Ese fluir de conciencia, ese flujo desbocado de pensamiento emocional, esa corriente sin muros de contención que mengüen o apacigüen lo que se tiene que decir, es la técnica literaria escogida por la autora para vaciar las verdades de su personaje principal. Por supuesto, no es el tipo de monólogo interior totalmente irreflexivo como el usado en la novela Ulises de James Joyce en boca del personaje Molly Bloom, de hecho, es más flexible y permisivo, digamos, un tipo de monólogo sui géneris, emparentado más bien con el flujo de pensamiento crítico, narrado en primera persona, que en su época utilizara en sus novelas la gran escritora y feminista Virginia Woolf.   

No hay ni un solo diálogo directo en todo el texto de ciento y pico de páginas de extensión. La protagonista monologa todo el tiempo y no le cede la palabra a ningún otro personaje. No hay interlocutores, pues es obvio que el monólogo excluye esa posibilidad. La protagonista habla con ella misma. Es una especie de soliloquio que grita hacia adentro. Se reclama a sí misma, se debe a sí misma y a nadie más, ni siquiera al fantasma de Zapata Olivella que envolvió su vida en una nube de ensueño, en una pesadilla sin despertar.

No estoy seguro si la literatura colombiana tiene antecedentes del uso del monólogo interior sostenido, a través de todo el contenido de una novela. Si no existe, entonces debemos hacer «justicia poética» y reconocer a LA CATALANA como la primera obra narrativa que utiliza este recurso desde la primera hasta la última letra de su discurso. Si bien es cierto que el tipo de monólogo utilizado da cabida a la reflexión, al contar, al opinar; a la introspección, a la evaluación de los hechos acaecidos en la vida de Rosa Bosch, esto no invalida el recurso literario que fusiona la obra y le da unidad plena de emoción y sentido.

Personajes

1- El personaje-protagonista, Rosa Bosch, apodada la catalana, es la voz cantante que asume con absoluto dominio y exclusividad la esencia y sustancia de todo lo narrado. Es la narradora omnisciente, capitana y voz de la tragedia que evoca. Ella asume desde la clarividencia que le otorga ese momentum magnificente de lucidez terminal, su voz que nos llega alargada como la eternidad y paradójicamente breve como un bufido de animal herido de muerte.

2- Manuel Zapata Olivella es el personaje antagonista que, como una mangosta africana, en su lucha vital del bien contra el mal, enreda en su cola magnífica y atrapa en su fantasía descomunal a la paloma libertaria sedienta de aventuras extraordinarias. Zapata se constituye en el marco referencial sobre el cual descansa el albur de su desposada. Es la sombra abrumadora y legendaria que en su tarea de justiciero antirracista se desbarranca llevándose en sus fauces a la aliada más fiel, más servicial, más leal.

3- La amiga. Este personaje sin nombre explícito en la novela, corresponde a la autora del libro. Aquí la autora se cuela en la trama de igual modo como el pintor Diego Velázquez se coló en una de sus pinturas más famosas, Las Meninas. Esto confirma el sustrato poético que predomina en la narración, en donde el poeta es el centro del poema. Aquí la escritora se cuela en su escritura. Y entonces, la amiga,  funge como la Beatriz del Dante en La Divina Comedia, encargada de conducir al cielo a su protagonista. En la penúltima página del texto leemos lo siguiente, cuando la protagonista evoca su paso final a la eternidad:

“Advierto, ahora, que mi amiga entra a la habitación. Pero no camina con su paso firme de siempre, parece etérea como si no tuviera peso en el cuerpo y levitara. Se instala a mi lado, toma mi mano y la acaricia suavemente. Ya no están las agujas que me habían instalado para poner el suero con los medicamentos —que no sirvieron para nada—y la piel se me ve lisa y fina, sin esas pecas de vieja que se habían venido instalando una por una, sin mi permiso. Y siento que una nueva vida comienza y me lleno de alegría”.

Crónica y Testimonio

El polo a tierra que ancla la historia dentro de unas coordinadas espacio-temporales corresponden a las cuatro últimas décadas del siglo XX en Colombia, está dado principalmente por las reminiscencias que la protagonista desgaja desde su propia cotidianidad, junto con el periplo de su esposo y el de sus amistades del círculo cultural-literario de la época evocada.

La crónica y el testimonio se amalgaman en esta narración con el ramalazo de incertidumbre y desasosiego que acompañan la bitácora cultural del mitológico Manuel Zapata Olivella. Se sumergen en el declive final de su existencia, de gigante derrotado que muere en el silencio apagado de su palabra quebrada.

Otra voz quebrada, la de su esposa, viene a abrirle las puertas de la posteridad en la formidable obra literaria de Mariela Zuluaga. quien con la magnífica novela La Catalana, logra hacer historia desde la literatura.


Hollywood, Fl. mayo de 2024

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